El universo más vasto no está ahí fuera, sino dentro de ti.
Pedro Molina

TODA UNA VIDA DE PREGUNTAS

 UNA HISTORIA POR CONTAR

El camino personal que me llevó a crear

SAGA ENTRE MUNDOS 


1. Quién soy

Me llamo Pedro Molina y nací en La Roda de Andalucía, un pequeño pueblo de la provincia de Sevilla.

No tuve la oportunidad de cursar estudios universitarios. Mi formación fue la básica obligatoria y, desde muy joven, mi aprendizaje estuvo ligado al negocio familiar y, sobre todo, al contacto directo con las personas.

Con apenas diez o doce años ya ayudaba en aquel negocio. Aquella etapa me permitió conocer a mucha gente. Quizá entonces no era plenamente consciente de ello, pero observaba con atención cómo se comportaban las personas: cómo hablaban, cómo reaccionaban ante distintas situaciones, qué les preocupaba y cómo se relacionaban unas con otras.

Y me hacía preguntas.

¿Por qué actuamos de una determinada manera? ¿Qué sentido tiene todo lo que nos rodea? ¿Por qué suceden las cosas? ¿Qué hay detrás de nuestras decisiones?

No tenía respuestas. Y todavía hoy muchas de esas preguntas siguen acompañándome. Pero fueron precisamente esas inquietudes las que permanecieron conmigo a lo largo de los años.

Con el tiempo formé mi propia familia, tuve cinco hijos y emprendí mi propio camino profesional. Mi vida laboral transcurrió entre negocios, responsabilidades y una relación muy cercana con personas muy diferentes.

También llegaron las dificultades.

Viví experiencias buenas, malas y otras especialmente duras. Confié en personas que respondieron a esa confianza y también en otras que me decepcionaron o me traicionaron. Tomé decisiones acertadas y cometí muchos errores.

No pretendo presentar mi vida como un ejemplo ni afirmar que siempre actué correctamente. Sin embargo, he procurado asumir mi parte de responsabilidad en cada etapa de mi vida. Conocí de cerca el valor de la amistad, pero también la ambición, el engaño, el interés por el dinero, las posesiones y el poder.

Durante mucho tiempo intenté comprender todo aquello.

Con los años llegué a una conclusión que influyó profundamente en mi forma de entender la vida: no quería convertir las decepciones en odio, ira o deseos de venganza. Preferí preguntarme qué podía aprender de cada experiencia y qué responsabilidad había tenido yo en las decisiones que me habían llevado hasta ella.

Eso no significa que quien hace daño no sea responsable de sus actos. Significa simplemente que decidí no construir mi vida alrededor del resentimiento.

Esa manera de pensar fue transformándome poco a poco.

No tengo títulos universitarios, pero he tenido otra escuela: la vida cotidiana, el trabajo, la familia, las dificultades, las personas que he conocido y las decisiones que he tomado. Todo ello ha formado parte esencial de mi aprendizaje.

No considero que esa experiencia sustituya a una formación académica, porque son cosas diferentes. Pero sí sé que me ha proporcionado una forma propia de observar a las personas e intentar comprender mejor el comportamiento humano.

Hoy, cuando miro hacia atrás, no pretendo presentar mi vida como un ejemplo. He acertado y me he equivocado muchas veces. Pero todas esas experiencias han contribuido a que conozca mejor quién soy y qué cosas considero verdaderamente importantes.

Y fue precisamente de esas vivencias, de aquellas preguntas que me han acompañado durante años y de mi deseo de comprender mejor la condición humana, de donde terminaría naciendo, mucho tiempo después, la SAGA ENTRE MUNDOS.
Pedro Molina



2. Cuando la vida cambió de ritmo

A los 53 años me diagnosticaron Parkinson.

Naturalmente, recibir un diagnóstico así supone un cambio importante. La enfermedad pasó a formar parte de mi vida y tuve que aprender a convivir con ella y con las limitaciones que fue imponiendo con el tiempo.

Sin embargo, ocurrió algo que quizá pueda resultar extraño: también fui capaz de encontrar algunos aspectos positivos dentro de aquella nueva realidad.

Hasta entonces había llevado una vida muy activa y, en muchos momentos, demasiado estresada. El Parkinson me obligó a reducir el ritmo. Mi vida se volvió más lenta y empecé a disponer de algo que antes había tenido mucho menos: tiempo para detenerme, observar y pensar.

También cambié algunos hábitos. Dejé de beber alcohol, incorporé el deporte a mi rutina y procuré afrontar la enfermedad aceptando una realidad que no podía cambiar.

No quiero presentar el Parkinson como algo positivo. Es una enfermedad y tiene sus dificultades. Pero sí puedo decir que, en mi caso, ese cambio de ritmo abrió un espacio más amplio para la reflexión.

Mi interés por el universo y mis preguntas sobre la existencia venían de mucho antes, desde la adolescencia. También me acompañaban algunos sueños que recordaba con especial intensidad.

Uno de ellos se repetía con frecuencia: me encontraba perdido en un inmenso desierto bañado por una luz extraña. No sentía necesariamente miedo, pero me inquietaba no comprender por qué aquel sueño regresaba una y otra vez. En otras ocasiones soñaba con lugares y situaciones especialmente agradables.

Con el paso de los años, algunos de esos sueños se volvieron muy vívidos. A veces hablo o me muevo mientras duermo. Otro de los sueños que más recuerdo es aquel en el que veo la Tierra desde el espacio; al despertar, la sensación de realidad resulta sorprendentemente intensa.

Pero si algo tengo claro es que son sueños. No los considero viajes fuera del cuerpo ni experiencias sobrenaturales. He comentado estas experiencias con mi neurólogo y sé que guardan relación con el Parkinson.

Algunas imágenes y sensaciones que permanecieron en mi memoria terminaron inspirando paisajes y escenarios de mis historias. Eso no significa que las aventuras del protagonista estén basadas en experiencias que yo haya vivido.

Mientras tanto, aquellas preguntas y aquellos sueños que me habían acompañado desde muy joven comenzaron a ocupar cada vez más espacio en mis reflexiones.

Empecé a preguntarme con mayor profundidad quiénes somos realmente, qué significa nuestra existencia y qué puede haber más allá de aquello que somos capaces de ver y comprender.

¿Qué ocurre cuando nuestro cuerpo deja de funcionar?
¿Somos únicamente ese cuerpo?
¿Qué sucede con nuestra conciencia?
¿Hay algo de nosotros que pueda continuar?

No tenía respuestas que pudiera demostrar. Tenía preguntas, reflexiones y una manera muy personal de intentar encontrarles sentido.

Poco a poco fui construyendo una visión propia sobre la existencia, la conciencia, el comportamiento humano y la posibilidad de que algo de lo que somos pueda trascender nuestra vida física. Nunca he pretendido presentar estas reflexiones como verdades demostradas.

Durante años, todo aquello permaneció únicamente en mis pensamientos. No fue hasta la pandemia cuando empecé a realizar los primeros intentos de expresarlo por escrito. Sin embargo, aquellos textos todavía estaban muy lejos de convertirse en la SAGA ENTRE MUNDOS.

Aún no estaba escribiendo una saga.

Simplemente estaba intentando comprender.
Pedro Molina 



3. Las preguntas que me acompañaron durante años

Con el paso del tiempo, aquellas preguntas dejaron de ser pensamientos ocasionales y comenzaron a formar parte de mi vida cotidiana.

Siempre he necesitado momentos de soledad. No porque quiera aislarme de los demás, sino porque estar a solas durante un tiempo me relaja, me ayuda a pensar y me permite encontrarme conmigo mismo.

Y lo sigo haciendo hoy.

En esos momentos observo, recuerdo experiencias, reflexiono sobre las personas y sobre la sociedad en la que vivimos. 


También vuelvo una y otra vez a algunas de las preguntas que me han acompañado durante gran parte de mi vida.

Con los años, aquellas reflexiones se fueron ampliando. Ya no pensaba únicamente en las personas que conocía o en lo que sucedía a mi alrededor. También sentía la necesidad de comprender las grandes diferencias que existen entre las sociedades y las distintas formas de vivir que encontramos en nuestro planeta.

Me preguntaba por qué unos seres humanos tenían tantas oportunidades mientras otros apenas disponían de lo necesario para subsistir. Por qué unas sociedades se consideraban superiores a otras y por qué, a pesar de compartir una misma condición humana, seguimos enfrentándonos en conflictos y guerras.

Nunca he entendido que alguien pueda considerarse mejor que otra persona simplemente por haber nacido en un determinado país o por pertenecer a una sociedad más desarrollada económicamente.

Para mí, todos somos seres humanos. Sin embargo, las circunstancias en las que nacemos, la educación que recibimos, la cultura en la que crecemos y las oportunidades que encontramos pueden hacer que nuestras vidas sean muy diferentes.

Cuando hablaba de estas cuestiones con amigos o conocidos, las conversaciones solían centrarse en lo que ocurría en nuestro entorno o en los problemas más cercanos. Pero yo sentía la necesidad de mirar más allá.

Muchas veces imaginé cómo sería observar la Tierra desde fuera, contemplar el planeta en su conjunto y tratar de comprender por qué los seres humanos habíamos construido sociedades tan distintas, con tantas desigualdades, conflictos e injusticias.

Nunca he pretendido juzgar unas sociedades frente a otras. Mi intención siempre ha sido comprender mejor el comportamiento humano y las razones que nos llevan a vivir de la manera en que lo hacemos.

Aquella idea de contemplar nuestro mundo desde otra perspectiva me acompañó durante muchos años. Al mismo tiempo, también reflexionaba sobre nuestra existencia, el universo, la conciencia y todo aquello que todavía desconocemos.

¿Quiénes somos realmente?
¿Qué parte de nosotros pertenece únicamente al cuerpo?
¿Qué ocurre con nuestra conciencia cuando ese cuerpo deja de vivir?
¿Por qué unas personas actúan de una manera y otras de otra?
¿Qué importancia tienen nuestras decisiones y nuestros actos a lo largo de la vida?

No pretendía encontrar respuestas científicas ni demostrar ninguna verdad. Eran reflexiones personales que, poco a poco, comenzaron a relacionarse entre sí.

Durante años conviví con todas esas preguntas. No tenía respuestas definitivas, pero sentía que merecía la pena seguir reflexionando sobre ellas.


Sin saberlo entonces, aquellas inquietudes terminarían convirtiéndose en el punto de partida de una historia.


El nacimiento de SAGA ENTRE MUNDOS

De aquellas preguntas surgió una idea: utilizar la ficción para construir un universo en el que pudiera desarrollar todas esas reflexiones.

Así comenzó a nacer SAGA ENTRE MUNDOS.

Empecé a expresar algunas de esas ideas por escrito. Redactaba textos relacionados con el universo, la conciencia y los seres humanos, pero no terminaban de convencerme. Sentía que tenía algo que quería transmitir, aunque todavía no había encontrado la forma adecuada de hacerlo.

Durante un tiempo seguí escribiendo y explorando distintas posibilidades. Hasta que, a finales de 2022, decidí cambiar completamente el planteamiento.

En lugar de escribir reflexiones independientes, se me ocurrió construir una historia. Un universo imaginario en el que pudiera desarrollar mis inquietudes y contemplar la existencia desde perspectivas diferentes.

De aquella decisión nació el primer libro, ENTRE MUNDOS – Más Allá del Cuerpo.
Poco después comprendí que la historia no terminaba ahí. Ya tenía planteado un segundo libro y empezaban a surgir nuevas posibilidades para continuar desarrollando aquel universo. Fue entonces cuando nació realmente la idea de SAGA ENTRE MUNDOS.

Al principio encontré una forma sencilla de comenzar: escribir como si yo mismo fuera el protagonista. Utilicé mi propio nombre, Pedro, e incorporé desde el principio la enfermedad de Parkinson. Me resultaba más fácil desarrollar la historia partiendo de experiencias que conocía de primera mano.

Más adelante, aquel protagonista pasó a llamarse Peter.
Sin embargo, aunque compartiera conmigo algunas circunstancias personales, Peter siempre fue un personaje de ficción. Un ser humano capaz de abandonar temporalmente su cuerpo y recorrer un universo mucho más amplio del que conoce, manteniendo siempre su vínculo con la vida física.

Sus experiencias y sus viajes pertenecen al mundo de la ficción.

A través de Peter fueron apareciendo otros personajes, mundos, civilizaciones, maestros y diferentes formas de entender la existencia.

El segundo personaje importante que apareció fue Kael. Su nombre surgió con naturalidad y pronto comenzó a ocupar un lugar relevante en la historia. Gracias a él y a los personajes que fueron llegando después, pude desarrollar muchas de las cuestiones que llevaba años planteándome.
La muerte.
La conciencia.
El comportamiento humano.
El miedo.
El poder.
El dinero.
Las relaciones entre las personas.
La educación.
La responsabilidad sobre nuestras decisiones.

Y también la posibilidad de que nuestra existencia no termine necesariamente donde termina nuestro cuerpo.

Cuando Peter regresa por primera vez a la Tierra, decidí construir su entorno familiar tomando como referencia mi propia familia. Utilicé nombres inspirados en mi mujer, mis hijos y mis nietos, manteniendo también una estructura familiar semejante.

Aquello me facilitaba la escritura porque partía de personas y relaciones que conocía bien. Pero toda la historia forma parte de una construcción de ficción nacida de mis propias reflexiones.

Con el tiempo fueron apareciendo personajes como Thyrell, Zymeria, Pyrethor, Kaelor, Velthar y Omniel, además de los guardianes Kal, Elion, Norath, Syralis y Elyndor.

También surgieron civilizaciones como Luminares, Ethyranos, Eclipsera y Ziraxis, junto a maestros como Trionis, Halion, Elarion y Antheras.

Los nombres tampoco nacieron todos de la misma manera. Algunos fueron creación propia y otros surgieron a partir de ideas, búsquedas e inspiraciones que fui desarrollando durante el proceso creativo.

Incluso ahora, mientras preparo el tercer libro, continúo imaginando nuevos personajes que me permiten explorar cuestiones que todavía no he abordado.

SAGA ENTRE MUNDOS no pretende decirle al lector qué debe creer. Tampoco presentar como demostrada ninguna explicación sobre lo que existe después de la muerte.

Es simplemente mi manera de plantear preguntas y desarrollar, a través de la ciencia ficción, una posible visión de aquello que todavía desconocemos.

Con el tiempo comprendí que todas aquellas reflexiones podían convertirse en una historia.

Pero entonces apareció un problema muy diferente.

Yo tenía las ideas. Podía imaginar las situaciones, los personajes y aquello que quería transmitir. Sin embargo, convertir todo eso en una obra escrita era otra cuestión.

Imaginar aquel universo y saber lo que quería contar era una cosa. Conseguir desarrollarlo con personajes, escenarios, diálogos y una historia que tuviera continuidad era algo mucho más complejo.

Y fue precisamente ahí donde comenzó una nueva etapa en mi manera de trabajar.

Una etapa en la que las nuevas herramientas tecnológicas y la colaboración con la inteligencia artificial me ayudaron a dar forma, por fin, a muchas de las ideas que llevaba años guardando en mi interior.